La inversión no se refiere al concepto monetario o económico, sino a darle la vuelta a algo. Ese algo, puede ser un mercado o cualquiera de las variables del marketing mix. Invertir implica pensar en el opuesto. Podemos invertir, por ejemplo, del blanco al negro o viceversa, de dentro hacia fuera o viceversa, de arriba a abajo o viceversa, etc. ¿Un ejemplo? Piensa en cualquier comercio, ¿qué pasaría si en lugar de tener todos los productos a la venta dentro del mismo los sacáramos fuera (a la calle)?

¿Más ejemplos? Una jornada formativa del tipo que sea, ¿qué pasaría si en lugar de que el ponente fuera el encargado de transmitir su conocimiento a los alumnos o asistentes fueran éstos quienes lo transmitieran al ponente? Es decir, ¿qué pasaría si el profesor fuera quien escuchara a los alumnos? O ¿que pasaría si en lugar de que el profesor fuera a dar clase a la escuela de negocios se desplazara a casa de cada uno de los alumnos?. Estas pre-ideas son aparentemente locuras o conceptos sin sentido, pero son potentísimos detonadores de geniales ideas que de otro modo no se nos hubieran ocurrido. Esta metodología es una provocadora constante de ideas descabelladas, arriesgadas y diferentes, justo lo que siempre buscan las marcas para sorprender a su público, ¿no?. Acaso no nos preguntamos muchas veces cuando vemos alguna campaña de alguna marca el típico «¿cómo se les habrá ocurrido esto?».

Probablemente, el marketing lateral y concretamente esta técnica de inversión nos ayuden muchísimo en la generación de ideas muy locas.

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